Luisa Cáceres de Arismendi, nació en Caracas en septiembre
de 1799. Desde muy joven abraza la causa de la Libertad, cuando apenas era una
niña, ve el inicio de la Independencia y la conformación de la República de
Venezuela. En 1814 su hermano, prócer de la Independencia de Venezuela y
Teniente Juan Manuel Cáceres, muere al igual que su padre en Ocumare del Tuy,
fusilados por orden del sanguinario Comandante español Rosete. La Heroína
estuvo en la emigración de oriente en la cual pierde a varios familiares, y
cuando arriba a la Asunción, el General Juan Bautista Arismendi manda a
buscarla ya que la había conocido anteriormente en Caracas en la casa del
General en Jefe José Félix Ribas, quien, poco tiempo después, contrae
matrimonio con Luisa Cáceres. Las autoridades españolas, al no poder atrapar a
su marido, la arrestan a ella y proponen dejarla en libertad a cambio de unos
oficiales españoles presos, proposición no aceptada por Arismendi quien indicó
al mensajero: " Diga al Jefe español que sin Patria no quiero
esposa". Después, las autoridades españolas ordenan que se traslade a la
detenida, para entonces en estado de embarazo, a distintos sitios de reclusión,
sufriendo una serie de vejaciones que entre otras cosas, ocasionan que dé a luz
una niña que muere al nacer. En su cautiverio en Cadiz (España), rechaza firmar
un documento de lealtad al Rey de España. Después es ayudada a escapar y
regresa finalmente a Venezuela en julio de 1818. Más de cuatro años de
calamidades soportó en cautiverio. Es recibida calurosamente por su esposo,
familiares y vecinos de Juan Griego en Margarita, (actual Estado Nueva
Esparta). Posteriormente vive en Caracas, donde muere en 1866domingo, julio 08, 2012
Luisa Cáceres de Arismendi
Luisa Cáceres de Arismendi, nació en Caracas en septiembre
de 1799. Desde muy joven abraza la causa de la Libertad, cuando apenas era una
niña, ve el inicio de la Independencia y la conformación de la República de
Venezuela. En 1814 su hermano, prócer de la Independencia de Venezuela y
Teniente Juan Manuel Cáceres, muere al igual que su padre en Ocumare del Tuy,
fusilados por orden del sanguinario Comandante español Rosete. La Heroína
estuvo en la emigración de oriente en la cual pierde a varios familiares, y
cuando arriba a la Asunción, el General Juan Bautista Arismendi manda a
buscarla ya que la había conocido anteriormente en Caracas en la casa del
General en Jefe José Félix Ribas, quien, poco tiempo después, contrae
matrimonio con Luisa Cáceres. Las autoridades españolas, al no poder atrapar a
su marido, la arrestan a ella y proponen dejarla en libertad a cambio de unos
oficiales españoles presos, proposición no aceptada por Arismendi quien indicó
al mensajero: " Diga al Jefe español que sin Patria no quiero
esposa". Después, las autoridades españolas ordenan que se traslade a la
detenida, para entonces en estado de embarazo, a distintos sitios de reclusión,
sufriendo una serie de vejaciones que entre otras cosas, ocasionan que dé a luz
una niña que muere al nacer. En su cautiverio en Cadiz (España), rechaza firmar
un documento de lealtad al Rey de España. Después es ayudada a escapar y
regresa finalmente a Venezuela en julio de 1818. Más de cuatro años de
calamidades soportó en cautiverio. Es recibida calurosamente por su esposo,
familiares y vecinos de Juan Griego en Margarita, (actual Estado Nueva
Esparta). Posteriormente vive en Caracas, donde muere en 1866lunes, julio 02, 2012
EVA DUARTE DE PERÓN
(Eva Duarte de Perón,
llamada Evita Perón; Los Toldos, Argentina, 1919-Buenos Aires, 1952) Política
argentina. Hija ilegítima de Juan Duarte y de Juana Ibarguren, vivió pobremente
en su pueblo natal hasta que a los dieciséis años huyó a Buenos Aires. En la
capital argentina trabajó como actriz en pequeños locales y en la radio, y a
partir de 1935 comenzó a gozar de cierta popularidad, si bien sus papeles
carecían de relevancia.
En tales circunstancias
conoció al coronel Juan Domingo Perón, con quien inició una relación íntima y
se casó en 1945. Este mismo año, Perón fue destituido de sus cargos de la
secretaría de Trabajo y de la vicepresidencia de la nación y confinado en la
isla de Martín García. Entonces mostró Eva su gran energía y carisma para
conectar con los sectores nacionalistas del ejército afines a su marido y con
los trabajadores, que se habían beneficiado de las medidas sociales impulsadas
por Perón desde su puesto.
La campaña de agitación
social que emprendió culminó el 17 de octubre, cuando miles de trabajadores, a
los que ella llamó «descamisados», ocuparon el centro de Buenos Aires para
exigir la libertad del político, en una de las mayores manifestaciones
populares habidas en el país hasta entonces.
Una vez liberado, Perón se
presentó a las elecciones de febrero de 1946 y obtuvo un rotundo triunfo. A
pesar de la popularidad de que gozaba, ella no aceptó ningún cargo oficial y
prefirió impulsar una política social desde la presidencia de una fundación que
llevaba su nombre. Financiada con fondos públicos, la Fundación Eva Perón
repartió ayudas sociales a los más necesitados.
Evita y Juan Domingo Perón
Evita, como habían comenzado
a llamarla las clases populares, se convirtió en el rostro humano del régimen y
en el enlace del presidente con las organizaciones obreras, principalmente la
Confederación General del Trabajo (CGT). Su particular preocupación por la
situación de la mujer la llevó a fundar en 1949 el Partido Peronista Femenino y
a promover desde él medidas orientadas a una mejor integración de la mujer en
el mercado laboral.
Gracias a su intervención,
la legislación laboral articulada durante la primera presidencia del general
Perón se tradujo en unas mejores condiciones de vida de los trabajadores y de
los sectores hasta entonces marginados de la sociedad argentina. Tampoco
permaneció ajena a la situación del pueblo español, y en 1947 viajó a España,
en los peores momentos del aislamiento internacional del régimen franquista. Su
visita estuvo precedida por la concesión del gobierno peronista al régimen
español de un crédito millonario para la compra de trigo, maíz, carne,
legumbres, etc.
En 1951, año en que publicó
su autobiografía La razón de mi vida, la CGT la postuló como candidata a la
vicepresidencia. Sin embargo, la propuesta topó con la férrea oposición de las
Fuerzas Armadas, que veían en ella una amenaza en su calidad de portavoz de la
línea más radical y reivindicativa del peronismo. Por otro lado, la propia Eva
era reacia a aceptar cargos públicos, convencida de que la eficacia de su labor
estaba en la proximidad de su relación con la gente. Además, el conocimiento de
la grave enfermedad que la aquejaba la indujo a renunciar a la candidatura en
un emotivo acto en el que se dirigió a la multitud desde el balcón de la casa
de gobierno.
Su muerte significó el
inicio de la decadencia del régimen peronista, que tres años más tarde fue
derrocado por un golpe militar. Para evitar el peregrinaje popular a su tumba,
los militares secuestraron y trasladaron el cadáver de Eva Perón a Italia y más
tarde a España. En 1975, el gobierno de la presidenta del país, la que había
sido la tercera esposa del general, María Estela Isabel Martínez de Perón,
llevó de nuevo a Argentina los restos mortales de Eva Perón.
sábado, junio 30, 2012
OLIMPIA DE GOUGES
(Marie Gouze; Montauban, 1748 - París,
1793) Escritora y heroína francesa que reivindicó la igualdad de derechos entre
hombres y mujeres en el marco de la Revolución Francesa, considerada precursora
del moderno feminismo.
Hija de una vendedora de objetos de
tocador (su padre fue, según unos, Luis XV, y según otros historiadores, el
poeta Lefranc de Pompignan), contrajo matrimonio a los quince años con un tal
Aubry, el cual murió al poco tiempo, dejándole unos 70.000 francos de renta.
Pasó entonces a París, en donde tomó el nombre de Olimpia de Gouges y se dedicó
a la literatura.
Al estallar la Revolución Francesa
adoptó al principio sus ideas, pero después combatió el sistema del Terror y a
sus hombres con una energía que la conduciría al cadalso. Se dice que había
tratado de encargarse de la defensa de Luis XVI, y
que al ser el rey ejecutado envió una carta insultante a Robespierre,
el cual entregó a Olimpia al tribunal revolucionario, que la condenó a morir en
la guillotina.
Escribió un gran número de obras para
el teatro, tales como Zamore y Myrza, Lucinda y Cardenio, El
matrimonio de Chérubin, El hombre generoso, El filósofo corregido
y Molière en casa de Ninon, de las cuales sólo la primera, de ideología
abolicionista, logró ser admitida en la Comedia Francesa, y se representó en 1789
con el título La esclavitud de los negros o el feliz naufragio.
Durante los días de su actividad
política dio al teatro tres obras más: Mirabeau en los Campos ElíseosEl convento o los votos forzados (1792) y Les Vivandiers
(1793). Escribió, además, El príncipe filósofo, obra en la que, en forma
de cuento oriental, expone sus ideas acerca de los derechos de las mujeres, y
muchos opúsculos sobre cuestiones sociales, como El espíritu, Las
tres urnas y Un testamento político. De entre todos ellos destaca la
Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadanaDeclaración de los derechos del hombre y del ciudadano
(1789).
INTELECTUALES-VIVEZA.
Elaborado por: Ferrer, D (2012)
Bajo la perspectiva Eurocéntrica, tenemos que a partir
del siglo XV se dio inicio a los viajes de exploración por parte de Portugal y
España, consecutivamente se anexarían los demás imperios de ese entonces. En lo
que respecta a los viajes de Cristóforo Colombo(Cristóbal Colón), se aprecia la
influencia religiosa, pues este al llegar en 1492 a Amerrique (posteriormente América),
creyó estar en el paraíso terrenal, su primer punto de llegada lo llamo: San
Salvador, luego paso por Cuba la cual recibió por nombre Juana. Se destaca
además su carta descriptiva respecto a los pobladores nativos de las tierras
exploradas, hasta el momento.
Señala Galeano, E (2000). “América no solo carecía de
nombre. Los noruegos no sabían que la habían descubierto hacia largo tiempo, y
el propio Colon murió, después de sus viajes, todavía convencido de que había
llegado al Asia por la espalda” (p.11). Existen infinidad de opiniones respecto
al papel desempeñado por Colón, así como también del nombre dado al continente,
hay quienes sugiere que este se relaciona con Américo Vespucio, a través de su
carta Nuevo Mundo, aunado a la actuación de Martín Waldsemuller, a través del mapa
que llevo por nombre América. Es preciso señalar que en Nicaragua, se
encontraban asentados pueblos nativos que hacían referencia a dicho territorio
como Amerrique (la tierra donde siempre sopla el viento), evidenciándose una
cercana y clara relación entre dicha palabra y el nombre actual del continente.
Tomando en cuenta lo expresado por, Ardao, A (1980) en su obra Génesis de la idea y el nombre de América
latina. América va experimentar tres etapas históricas: la primera responde
a la llegada de los imperios, la segunda a la supresión de los pueblos nativos
que dió paso a la colonia y la tercera el proceso independentista, cuya proeza
es histórica, tanto nacional como continentalmente y por qué no mundialmente,
es el proceso emancipador de las colonias, el mismo que se daría de manera
progresiva, ello ante las secuelas dejadas por la esclavitud, explotación de
recursos, implantación religiosa, política, cultural, el papel constante de
proveedores aunados a hechos que dieron paso a cambios, como lo fueron la Independencia
de los Estados Unidos de Norteamérica (1776), Revolución Francesa(1789), Declaración
de los derechos del hombre y ciudadano y posteriormente los de la mujer, aunque dicho hecho está enmarcado en
una sociedad de contradicciones, la misma que llevara a la guillotina a esa mente
ideadora, pensante, que planteo nuevas leyes entorno a los derechos de las
féminas (Olimpia de Gouges).
Es de señalar, la polémica existente en torno a la noción
de independencia, desarrollo y derechos humanos; ya que la América del Sur para
ese entonces estaba valorada desde México hasta la tierra del fuego, a pesar de
su extensión territorial, se mostraba minusválida ante la amenaza expansionista
de la que Michel Chevalier llamaría la América Anglosajona, germana,
protestante, esa misma que mostro desde sus principios cada intención ejercida
en sus movimientos. Asimismo, el sur deberá enfrentar más allá de una gesta
independentista, un nuevo gigante sobre toda su extensión y ese recibe por
nombre: dictadura. Sí. esa misma que causaría estancamiento en cada nación,
además de una realidad irónica y es que aunque ya independientes, por lo menos
en lo político, se mantenían aún como proveedores de recursos, de los cuales no
se recibía el ingreso ideal, aunado al poder centralizado que daría paso a la
actuación y levantamiento de los sujetos activos en dicha realidad.
Ahora bien, para que un pueblo lograra actuar ante sus
realidades, necesitaba un líder que lo dirigiera, es allí donde surge la fuerte
influencia ejercida por los intelectuales, tal como lo señala Petras, J (s.f)
estos actuaban para y por el bienestar de cada ciudadano, a través de sus
libros, periódicos, revistas, reuniones, sindicatos y demas; (medios
controlados por quienes albergaban el poder). Sin embargo, parte de la
transformación del ser, se inicia a través de la lectura, cuando el individuo
llena su mente de información valiosa, su entorno empieza a cambiar; dependerá
por supuesto de las acciones realizadas en pro de lograr dicho objetivo. Sin
duda, eso lo sabían y practicaban los intelectuales de América en ese entonces,
pues lo dejaron en evidencia a través de cada lucha en contra de la opresión interna
y externa. Posteriormente el ser intelectual, perdió su rumbo, tal vez los
fuertes rayos del sol causaron deslumbro y los enrumbo hacia los intereses por
el bien individual, satisfacción económica y social.
Al respecto refiere, Cabrujas, J. (1995) “Una imagen
viene de un lado y otra imagen la genera un pueblo de sí mismo” (p.1). En mi
opinión, de la teoría a la práctica existe mucha distancia, si bien es cierto América
conto en un entonces con intelectuales que actuaban para ayudar pueblo. El
mismo que conoce muy bien qué es el hambre y frio, el delirio, ausencia o
permanencia, abandono y desidia, si esta última, es tan evidente en quienes están
al mando, son estos los que hacen promesas utópicas a través de cada discurso,
previamente maquinado y elaborado, con la finalidad de disfrazar la falacia en
verdad. Y esta realidad se evidencia en cada proceso concerniente a América,
para los españoles luego de la conquista, el nuevo mundo no era más que
atrasadas colonias que proveían los recursos necesarios, y lo peor de todo,
estaban llenas de gente sin alma, ni pensamiento, muestra del trato inferior
ejercido hacia los pueblos nativos y africanos;
estos últimos eran perseguidos, cazados y traídos en condiciones infrahumanas.
En cuanto, a la discriminación estaba basada en una concepción majadera creada
por la iglesia, la misma que establecía (aun lo hace) teorías según el momento
e interés existente.
Continuando la idea, aparte de la condición de proveedor,
trabajo forzado, y estancamiento económico, se viene a dar la polémica respecto
al sentir y pensar del individuo americano, ese que fue calificado por Michel
Chevalier a través de la raza, de su lengua, religión. La América Española o Iberoamérica,
como solía llamarla. A lo expuesto anteriormente surge la siguiente
interrogante: ¿hasta qué punto llega la viveza criolla? Si bien es cierto, en
este continente se han dado acontecimientos históricos, observados incluso a
nivel mundial, incluyendo allí la gestión (aceptable para algunos y para otros
no) de: Simón Rodríguez, Simón Bolívar, Francisco de Miranda, Antonio José de
Sucre, entre otros. Estos se convertirían en inmortales, por lo menos en cuanto
a lo histórico se refiere. Sin duda, su pensar era visionario, amamantado con
la leche de la lectura y fortalecido a través de los viajes, relaciones en el
extranjero, la búsqueda del por qué. Contrario, a quienes tanto ayer como hoy,
se mantienen inertes ante las bofetadas sociales, políticas, económicas,
culturales, semejante a la constancia del agua sobre las rocas, cuyo objetivo
es fragmentarla.
Resulta oportuno parafrasear las palabas del premio Nobel
1982; el señor Gabriel Gracia Márquez, esta realidad de muerte, hambre,
pobreza y opresión, parece ya parte
imborrable de la conciencia del individuo latinoamericano. En mi opinión, se
asemeja a una herencia genética, un destino ante el cual muchos se muestran
resignados, como si no hubiera un motivo valido para cambiar y buscar un mas allá,
preguntándose el por y para qué. Quizás alejaron de su esencia humana las raíces
ancestrales de esos que no compraban ni vendían la tierra; pues era su
pachamama, conocían muy bien la diferencia entre viveza y astucia, esta última
fue la que les permitió luchar y nunca rendirse ante sus adversarios. Tan
necesaria, por estos días en los cuales se cree sin mayor reflexión en
cualquier promesa o palabrería ejecutada por los lobos vestidos de ovejas, que
astutamente desarrollan sus gestiones en medio del rebaño, el mismo que se
dirige sin mayor conciencia hacia la trampa que lo convertirá en presa mortal.
REFERENCIAS.
Ardao, A (1980). Génesis de la idea y el
nombre de América latina. Caracas: Consejo Nacional de Cultura.
Cabrujas, J (1995). La viveza Criolla.
Destreza, mínimo esfuerzo o sentido del humor. [Documento en línea]. Disponible: http://www.analitica.com/bitblioteca/cabrujas/viveza.asp
[Consulta:
2012, abril 13]
Gabriel Gracia Márquez. (s.f). La
soledad de América Latina. [Documento en línea]. Disponible: http://www.archive.attac.org/attacinfoes/attacinfo564.pdf[Consulta: 2012, abril 13]
Galeano, E (2000). Las Venas Abiertas de
América Latina. (16ª. ed.). Madrid, España: Siglo XXI de España editores.
Petras, J (s.f). La metamorfosis de los
intelectuales Latinoamericanos. [Documento en línea].
Disponible: http://es.scribd.com/doc/23496003/Petras-James-LA-METAMORFOSIS-DE-LOS-INTELECTUALES-LATINOAMERICANOS[Consulta: 2012, abril 13]
viernes, junio 29, 2012
12 DE OCTUBRE. EDUARDO GALEANO
Cuenta
la historia oficial que Vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio,
desde
una
cumbre de Panamá, los dos océanos. Los que allí vivían, ¿eran ciegos?
¿Quiénes
pusieron sus primeros nombres al maíz y a la papa y al tomate y al chocolate y
a las montañas y a los ríos de América? ¿Hernán Cortés, Francisco Pizarro? Los
que allí vivían, ¿eran mudos?
Nos
han dicho, y nos siguen diciendo, que los peregrinos del Mayflower fueron a
poblar América. ¿América estaba vacía?
Como
Colón no entendía lo que decían, creyó que no sabían hablar.
Como
andaban desnudos, eran mansos y daban todo a cambio de nada, creyó que no eran
gentes de razón.
Y
como estaba seguro de haber entrado al Oriente por la puerta de atrás, creyó
que eran indios de la India.
Después,
durante su segundo viaje, el almirante dictó un acta estableciendo que Cuba era
parte del Asia.
El
documento del 14 de junio de 1494 dejó constancia de que los tripulantes de sus
tres naves lo reconocían así; y a quien dijera lo contrario se le darían cien
azotes, se le cobraría una pena de diez mil maravedíes y se le cortaría la
lengua.
El
notario, Hernán Pérez de Luna, dio fe.
Y
al pie firmaron los marinos que sabían firmar.
Los
conquistadores exigían que América fuera lo que no era. No veían lo que veían,
sino lo que querían ver: la fuente de la juventud, la ciudad del oro, el reino
de las esmeraldas, el país de la canela. Y retrataron a los americanos tal como
antes habían imaginado a los paganos de Oriente.
Cristóbal
Colón vio en las costas de Cuba sirenas con caras de hombre y plumas de gallo,
y supo que no lejos de allí los hombres y las mujeres tenían rabos.
En
la Guayana, según sir Walter Raleigh, había gente con los ojos en los hombros y
la boca en el pecho.
En
Venezuela, según fray Pedro Simón, había indios de orejas tan grandes que las
arrastraban por los suelos.
En
el río Amazonas, según Cristóbal de Acuña, los nativos tenían los pies al
revés, con los talones adelante y los dedos atrás, y según Pedro Martín de
Anglería las mujeres se mutilaban un seno para el mejor disparo de sus flechas.
Anglería,
que escribió la primera historia de América pero nunca estuvo allí, afirmó
también que en el Nuevo Mundo había gente con rabos, como había contado Colón,
y sus rabos eran tan largos que sólo podían sentarse en asientos con agujeros.
El
Código Negro prohibía la tortura de los esclavos en las colonias francesas.
Pero no era por torturar, sino por educar, que los amos azotaban a sus negros y
cuando huían les cortaban los tendones.
Eran
conmovedoras las leyes de Indias, que protegían a los indios en las colonias
españolas. Pero más conmovedoras eran la picota y la horca clavadas en el
centro de cada Plaza Mayor.
Muy
convincente resultaba la lectura del Requerimiento, que en vísperas del asalto
a cada aldea explicaba a los indios que Dios había venido al mundo y que había
dejado en su lugar a San Pedro y que San Pedro tenía por sucesor al Santo Padre
y que el Santo Padre había hecho merced a la reina de Castilla de toda esta
tierra y que por eso debían irse de aquí o pagar tributo en oro y que en caso
de negativa o demora se les haría la guerra y ellos serían convertidos en
esclavos y también sus mujeres y sus hijos. Pero este Requerimiento de
obediencia se leía en el monte, en plena noche, en lengua castellana y sin
intérprete, en presencia del notario y de ningún indio, porque los indios
dormían, a algunas leguas de distancia, y no tenían la menor idea de lo que se
les venía encima.
Hasta
no hace mucho, el 12 de octubre era el Día de la Raza.
Pero,
¿acaso existe semejante cosa? ¿Qué es la raza, además de una mentira útil para
exprimir y exterminar al prójimo?
En
el año 1942, cuando Estados Unidos entró en la guerra mundial, la Cruz Roja de
ese país decidió que la sangre negra no sería admitida en sus bancos de plasma.
Así se evitaba que la mezcla de razas, prohibida en la cama, se hiciera por
inyección. ¿Alguien ha visto, alguna vez, sangre negra?
Después,
el Día de la Raza pasó a ser el Día del Encuentro.
¿Son
encuentros las invasiones coloniales? ¿Las de ayer, y las de hoy, encuentros?
¿No habría que llamarlas, más bien, violaciones?
Quizás
el episodio más revelador de la historia de América ocurrió en el año 1563, en
Chile. El fortín de Arauco estaba sitiado por los indios, sin agua ni comida,
pero el capitán Lorenzo Bernal se negó a rendirse. Desde la empalizada, gritó:
—
¡Nosotros seremos cada vez más!
—
¿Con qué mujeres? –preguntó el jefe indio.
—
Con las vuestras. Nosotros les haremos hijos que serán vuestros amos.
Los
invasores llamaron caníbales a los antiguos americanos, pero más caníbal era el
Cerro Rico de Potosí, cuyas bocas comían carne de indios para alimentar el
desarrollo capitalista de Europa.
Y
los llamaron idólatras, porque creían que la naturaleza es sagrada y que somos
hermanos de todo lo que tiene piernas, patas, alas o raíces.
Y
los llamaron salvajes. En eso, al menos, no se equivocaron. Tan brutos eran los
indios que ignoraban que debían exigir visa, certificado de buena conducta y
permiso de trabajo a Colón, Cabral, Cortés, Alvarado, Pizarro y los peregrinos
del Mayflower.(Red Voltaire)
Eduardo
Galeano/Periodista y escritor uruguayo, autor de Las Venas Abiertas de América
Latina, La canción de nosotros, Días y noches de amor y de guerra, Las palabras
andantes, El libro de los abrazos, entre otros.
Manuela Sáenz
(Manuela Sáenz y
Aizpuru o Sáenz de Thorne, también llamada ManuelitaManuela Sáenz Sáenz; Quito, 1795 -
Paita, Perú, 1859) Patriota ecuatoriana. Esposa del doctor J. Thorne (1817), se
convirtió en la amante de Bolívar (1822), al que acompañó en todas sus campañas
y al que, en una ocasión, salvó la vida (1828), lo que le valió el apelativo de
Libertadora del libertador. Su presencia al lado del Libertador, durante
los años cruciales de la gesta emancipadora, marcaría indeleblemente numerosos
acontecimientos en los albores de la vida republicana. Siguió el curso
cronológico de los principales sucesos políticos y militares de los que fue
testigo o protagonista: el encuentro de Bolívar y San Martín en Guayaquil, las
batallas de Pichincha y Ayacucho, el conflicto entre el Libertador y Santander,
la rebelión de Córdova y la disolución de la Gran Colombia. A la muerte de
Bolívar fue desterrada a Perú.
No ha sido fácil
para la historia de la América independentista incluir en su nómina de próceres
el nombre de Manuela Sáenz. Si su condición de mujer ya lo hacía difícil, su
estatus de amante del Libertador complicaba aún más las cosas. La
historiografía del siglo XIX, temiendo por la memoria del "más grande
hombre de América", se encargaría de omitir la presencia de esta mujer en
su círculo. Con todo y con ello, las anécdotas se dieron a conocer, y la misma
historia se vio en la necesidad de otorgarle a Manuela Sáenz la categoría de
heroína.
Nació en 1795 en
Quito, ciudad por entonces de aires afrancesados, en la que los grandes salones
que acogían a la aristocracia marchaban al ritmo de una concepción laxa de la
moral y de las distracciones entre criollos y españoles, que pronto se
convertirían en una sangrienta guerra entre patriotas y realistas. Era hija
natural de Simón Sáenz, comerciante español y realista, y de María Joaquina de
Aizpuru, bella mujer hija de españoles de linaje, quien en el futuro tomaría
partido por los rebeldes.
Desde muy joven
entró en contacto con una serie de acontecimientos que animarían su interés por
la política. En 1809 la aristocracia criolla ya se hallaba conspirando contra
el poder de los hispanos, y a partir de entonces comenzaron a sucederse un
conjunto de revueltas sangrientas. Quizá las circunstancias familiares llevaron
a Manuela a optar por los revolucionarios: presenciaba desfiles de prisioneros
desde la ventana de su casa, y se maravillaba de las hazañas de doña Manuela
Cañizares, a quien tuvo por heroína al enterarse de que los conspiradores se
reunían clandestinamente en su casa.
Por causa de las
propias revueltas, sin embargo, se ausentó de la ciudad para refugiarse junto a
su madre en la hacienda de Catahuango. Allí se convirtió en una excelente
amazona, mientras su madre le enseñaba a comportarse en sociedad y a manejar
las artes del buen vestir, el bordado y la repostería. Tiempo después ambas
regresaron a Quito, y la madre decidió internarla en el convento de monjas de
Santa Catalina; tenía entonces diecisiete años.
La fascinación de
Manuela por la vida pública y su ímpetu rebelde la harían abandonar prontamente
la clausura del convento. Aprendió a leer y a escribir, virtudes éstas que le
permitieron iniciar una relación epistolar con su futuro amante: Fausto
Delhuyar, un coronel del ejército del rey. Con él se fugó para descubrir más
tarde el infortunio de su infertilidad, y la desgracia de estar al lado de un
charlatán. Las habladurías del amante le significaron la obligación de contraer
matrimonio con James Thorne, un médico de cuarenta años que comerciaba con su
padre y al que nunca llegaría a amar.
Corría el año 1819
y Manuela deslumbraba en los grandes salones de Lima, junto a su amiga Rosita
Campuzano. El resto de la América estaba convulsionada. Simón Bolívar ya
había liberado el territorio de la Nueva Granada y se disponía a fundar en
Angostura la Gran Colombia. Entrado el año de 1820, José de San
Martín se encontraba de camino hacia Perú. Los limeños comenzaban a
conspirar, y la Sáenz se convertía en una de las activistas principales. Las
reuniones se realizaban en su casa y las disfrazaba de fiestas; actuaba de
espía y pasaba información. Participó en las negociaciones con el batallón de
Numancia, y en 1822, una vez liberado Perú, fue condecorada "Caballeresa
del sol, al patriotismo de las más sensibles".
Con la excusa de
acompañar a su padre, Manuelita marchó hacia Quito. Colaboró activamente con
las fuerzas libertadoras: llevaba y traía información, curaba a los enfermos y
donaba víveres para los soldados. El 16 de junio de 1822, Simón Bolívar entró
triunfalmente en la ciudad y, después de un cruce de miradas, fueron
presentados en un baile en homenaje al Libertador.
A partir de
entonces mantendrían una relación pasional. Los compromisos del Libertador no
impedían los encuentros amorosos, y mientras duraba la ausencia, Manuelita
participaba activamente en la consolidación de la independencia del Ecuador.
Bolívar le regaló un uniforme, que ella utilizaba a la hora de sofocar algún
levantamiento. La muerte de su padre la motivó a regresar a Lima. Fue nombrada
por Bolívar miembro del Estado Mayor del Ejército Libertador; peleó junto a Antonio José de
Sucre en Ayacucho, siendo la única mujer que pasaría a la historia como
heroína de esta batalla. Una vez aprobada la Constitución para las nuevas
naciones, marchó a Bogotá junto al Libertador.
Eran los tiempos
del corto esplendor de la Gran Colombia. Manuelita militaba activamente en el
partido bolivariano y se encargaba de llevar los archivos del Libertador.
Durante el día vestía de soldado y, junto a sus fieles esclavas de siempre, se
dedicaba a patrullar la zona. Cuidaba las espaldas de Bolívar. El 25 de
septiembre de 1828, gracias a su intuición, lo salvó de un atentado dirigido
por Francisco
de Paula Santander, enfrentándose a los conspiradores mientras su protegido
huía descolgándose por una ventana; a raíz de este acontecimiento Bolívar, de
regreso a palacio, le dijo: "Eres la Libertadora del Libertador".
Solía organizar en su casa representaciones en las que era habitual la burla
hacia los enemigos del Libertador; la "quema de Santander" era una de
las actuaciones preferidas. Los amores eran nocturnos y se prolongarían hasta
la huida de Bolívar a Santa Marta en 1830.
Siete meses más
tarde, al conocer la muerte de su amado por medio de una carta de Peroux de
Lacroix, decidió suicidarse. Se dirigió a Guaduas, donde se hizo morder por una
víbora, y fue salvada por los habitantes del lugar. Antes de la muerte del
Libertador se levantó una ola de calumnias en su contra por parte de Santander,
y Manuela decidió escribir, como forma de protesta, La Torre de Babel
(julio de 1830), motivo por el cual se le emitió una orden de prisión.
Seguidamente, tuvo lugar la persecución de los colaboradores de Bolívar, que la
consideraban peligrosa. Así, el 1 de enero de 1834, le ordenaron que abandonara
la nación en un plazo de trece días. Mientras tanto, fue encerrada en la cárcel
de mujeres y conducida en silla de manos hasta Funza, y de allí, a caballo,
hasta el puerto de Cartagena con destino a Jamaica.
Manuela volvió al
Ecuador en 1835. El presidente Vicente Rocafuerte, ante la noticia de su
llegada, determinó su salida del país. Esto le llevó al destierro. Se radicó en
el puerto de Paita, donde subsistió elaborando dulces, tejidos y bordados para
la venta, ya que las rentas por el arrendamiento de su hacienda de Catahuango,
en Quito, no le eran enviadas. En la puerta de su casa se podía leer English
Spoken; era querida por la gente del pueblo y bautizaba niños, con la
condición de que se llamaran Simón o Simona. Fue visitada por muchos hombres
importantes, entre los que figuraron Simón Rodríguez, Hermann Melville y
Giuseppe Garibaldi. Uno de los visitantes del lugar trajo consigo la difteria,
enfermedad que contrajo Manuelita y de la que murió, ya pobre e inválida, a los
59 años de vida.
viernes, junio 15, 2012
Yo no te pido.

Yo no te pido que me bajes
una estrella azul
solo te pido que mi espacio
llenes con tu luz.
Yo no te pido que me firmes
diez papeles grises para amar
sólo te pido que tu quieras
las palomas que suelo mirar.
De lo pasado no lo voy a negar
el futuro algún día llegara
y del presente
que le importa a la gente
si es que siempre van a hablar.
Sigue llenando este minuto
de razones para respirar
no me complazcas no te niegues
no hables por hablar.
Yo no te pido que me bajes
una estrella azul
solo te pido que mi espacio
llenes con tu luz.
MARIO BENEDETTI
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